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Todos sabemos por qué nos casamos. Caemos enamorados, encontramos a nuestra media naranja, hemos encontrado al padre o a la madre de nuestros hijos,  somos almas gemelas…

Sabemos por qué nos divorciamos? Sabríamos enumerar las tres causas principales de divorcio? Qué nos hace dar el paso para divorciarnos?

Cómo se sabe que es hora de poner fin a su matrimonio? Hay una respuesta simple a esa pregunta: es hora de disolver una relación cuando el dolor o la opresión de estar en ella supere al miedo o la ansiedad de estar divorciado. Por desgracia, nada ni nadie en este mundo puede decir cuándo ha alcanzado ese punto de inflexión. No es su mejor amigo, no su contador o abogado, no su madre, no un artículo de la revista Cosmopolitan, tampoco un libro puede decidir esto por usted .

Una de las razones que observo,  y es quizás el argumento más convincente del divorcio es un comportamiento inaceptable por parte de uno o el otro cónyuge. El abuso físico o psicológico – encabeza la lista-, también consumos excesivos o fuera de control de alcohol, drogas, juegos de azar, el adulterio en serie o esporádico.

Ante la mayoría de estas situaciones y comportamientos es común que los cónyuges se den avisos reiterados solicitando cambios de comportamientos. Hay fases de perdón y reconciliación, ultimátums, esfuerzos comunes e individuales de salvar situaciones puntuales.  Les recuerdo que puede merecer la pena luchar por salvar una relación, pero les recomiendo tolerancia cero ante cualquier tipo de violencia en la pareja.

Les sorprendería conocer los esfuerzos que los individuos somos capaces de hacer para salvar un matrimonio, cuestiones y comportamientos que desde fuera nos parecerían inaceptables, imperdonables e insalvables son perdonados y salvados una y otra vez, hasta que llega el momento en el que se salta lo que yo denomino “líneas rojas”.

Muchos matrimonios se salvan o duran años intentando salvar “situaciones de crisis” derivadas de comportamientos no aceptados por los cónyuges.

La clave en esas fases es la claridad de ambos miembros de la pareja en fijar y explicar sus respectivas posiciones, explicar qué se siente, cómo se sienten, y hasta dónde se está dispuesto a colaborar para encontrar una solución, y que hitos o comportamientos significarán un punto sin retorno en la crisis matrimonial (las líneas rojas).

Si ambos cónyuges están seguros de hasta dónde están dispuestos a aguantar para salvar su matrimonio quizás pueda tener sentido continuar luchando para intentar salvar la relación.

La segunda razón principal para el divorcio es la incapacidad para comunicarse, esta falta de comunicación es realmente una consecuencia en una relación que no funciona. El análisis de los factores que llevan a la falta de comunicación es muy complejo, pero la identificación de la falta de comunicación es sencilla.

En estos casos simplemente no se dan el uno al otro más allá de para el intercambio de detalles logísticos del matrimonio, sobre quién tiene que recoger a los niños después de las actividades extra escolares o a quien corresponde la compra semanal en el supermercado. Ya los cónyuges ni siquiera tienen mucho que decirse el uno al otro. No hay más conversaciones íntimas y profundas sobre los intereses de pareja, no hay planes de futuro, no hay escucha de apoyo al otro. Las conversaciones se remiten exclusivamente a temas intrascendentes y recurrentes.

La tercera razón común para que un matrimonio o una pareja de hecho termine es el concepto de distanciamiento. No es un distanciamiento físico, llamo distanciamiento al desarrollo de intereses individuales olvidando, dejando a un lado, los intereses comunes y mutuos que dieron sentido a la relación en sus comienzos.

El tiempo pasa, vamos cumpliendo años, los niños van creciendo y cuando la pareja se obsérva no encuentra demasiados elementos comunes para compartir. No es una cuestión de envejecimiento o edad, es una cuestión de dejar de compartir intereses.

Sea cual sea la razón de la crisis van llegando las consecuencias, los cónyuges empiezán a tener intereses íntimos por otras personas, aparecen relaciones de cariño y físicas ajenas al matrimonio, nacen otros amores para uno de los miembros de la pareja, en muchas ocasiones para ambos miembros de la pareja aunque alguno no llegue a contarlo o reconocerlo nunca. El interés por la pareja decae, empiezan a surgir necesidades de tiempos propios, de espacios propios, no existe interés por estar o compartir momentos o experiencias con la pareja.

En cualquiera de los casos y razones comentadas, antes de decir la palabra “divorcio” en voz alta, puede ser oportuno que se haga el esfuerzo de ir a terapia de pareja en primer lugar. Después de todo, haber creado un proyecto de vida  juntos fue un paso importante, quizás aún haya razones de peso para volver a reconducir lo que q veces durante décadas funcionó muy bien hasta que se fueron abandonando.

Los sentimientos que alguna vez tuvo uno para el otro no tienen por qué dejarse de lado a la ligera, salvo que se hayan cruzado las líneas rojas y la decisión esté tomada y bien tomada.

De nuevo en esta materia les recomiendo que se asesoren debidamente por profesionales con experiencia que conocemos y trabajamos en estos entornos a diario. Y de nuevo les recomiendo que no se dejen aconsejar por la madre o el cuñado de turno que dice conocerle a usted mejor que nadie, escúchelos, por supuesto, péro contraste sus dudas con profesionales con conocimientos específicos y experiencia en la materia.

Una vez más diré que mis posts no pretenden ser indiscutibles, ni sentar ningún tipo de cátedra, son opiniones profesionales de un abogado que trabaja en materia de derecho matrimonial y de familia desde hace 24 años. Si quiere saber algo más sobre el que suscribe  o solicitar una entrevista personal visite nuestra web http://www.cyafamilia.com y llámenos cuando crea que ha llegado el momento de buscar ayuda de profesionales.

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