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Necesitas estar de acuerdo con tu cónyuge o pareja?
Quién organiza esta situación?
Es diferente en caso de parejas de hecho?

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Si fuésemos razonables en los momentos difíciles, que no los somos, llegado el momento de dar el paso para iniciar nuestro divorcio o separación nos plantearíamos en primer lugar una pregunta, y no puede ser esta otra que ¿cuál es la situación más beneficiosa, favorable o menos perjudicial para nuestros hijos menores de edad?. Esta es con carácter general la intención de nuestro ordenamiento a la hora de regular una situación tan peculiar como son esos días, semanas o meses que nos llevarán desde la decisión de dar el paso hacia el divorcio hasta conseguir una resolución judicial que resuelva, aplicando el derecho por especialistas, en qué manera y de qué forma debe regularse:

1.- la relación entre los ya ex cónyuges una vez se ha producido el divorcio.

2.- la relación entre los cónyuges y sus hijos menores de edad o mayores de edad que no gozan de independencia económica.

En teoría nuestro ordenamiento y nuestra ley de enjuiciamiento civil tienen previsto un procedimiento rápido y urgente denominado medidas previas o provisionalísimas que dan cobertura a este tipo de situaciones de carácter grave y urgente. Sin embargo dichas medidas provisionalísimas, debido a la carga de trabajo y saturación mental de nuestros juzgados en la Región de Murcia y probablemente en todo el territorio nacional, se han convertido en una opción absolutamente ineficaz e invalida para resolver estas situaciones, dado que los plazos que se señalan para resolver estas medidas provisionalísimas a veces coinciden incluso con los plazos establecidos para resolverse el procedimiento principal de divorcio.

El panorama pinta mal, muy mal, a veces incluso peor que mal, cuando nos enfrentamos a un matrimonio en el que los cónyuges han decidido dar por finalizada la convivencia en medio de un grave enfrentamiento dialéctico y emocional y en el que como consecuencia no están dispuestos a usar la razón ni el criterio del beneficio de los menores para tomar las decisiones correspondientes a las relaciones entre cónyuges y estos menores. Cuando nos encontramos con que la razón no funciona y las medidas previas legalmente previstas tampoco funcionan por su tardanza se genera un vacío legal muy difícil de gestionar por parte de los abogados especialistas en la materia a nuestros clientes. Es muy difícil explicar a una madre o a un padre que el sistema no tiene una previsión específica respecto a qué reglas deben seguirse en la relación con sus hijos hasta que no se llegue a un acuerdo o a obtener un pronunciamiento expreso por parte de los tribunales.

En España no existe apenas cultura de la mediación como tal, pero si que las partes están casi siempre dispuestas a “negociar”, tendremos que establecer las mejores condiciones para esa negociación, y para ello habrá que preparar a nuestros clientes para estar dispuestos a ello. La negociación tiene por objetivo conseguir las mejores condiciones para nuestros clientes, pero cuando hablamos de Derecho de Familia siempre habrá que tener muy en consideración el Beneficio de los Menores. Debemos abrir el debate con la pregunta ¿Qué será lo mejor en esta cuestión para los hijos?

Corresponde a los abogados especialistas en derecho matrimonial y familia explicar pausadamente a nuestros clientes cuáles son los argumentos legales y de justicia que soportan la necesaria toma de decisiones equilibradas con respecto a los hijos menores de edad. Un buen letrado matrimonialista hará todos los esfuerzos posibles por trasladar puntualmente a sus clientes con la mayor precisión y detalle cuáles son las previsiones legales y los argumentos que deban considerarse desde un primer momento para las sucesivas tomas de decisiones que deban ir abordándose. Los clientes se merecen siempre toda la información y el mejor consejo profesional para poder abordar estas decisiones y entender y dirigir las estrategias que el abogado matrimonialista llevará adelante.

Más de 25 años de experiencia en la materia me hacen entender que en los primeros compases de la relación entre un nuevo cliente y su abogado matrimonialista en la comprensión de estos extremos todo es muy complicada, es normal que el cliente este emocionalmente bloqueado, y que por tanto vea todos los elementos concurrentes desde una perspectiva nerviosa, imparcial y muchas veces egoísta e imprudente con respecto a sus hijos menores, a los que adora pero para los que no es capaz de encontrar un punto medio del equilibrio que sea beneficioso para ellos de cara a un futuro muy cercano.

El criterio, la templanza, la paciencia y la práctica del abogado, por supuesto siempre basados en conocimiento y experiencia, deben significar un avance del cliente desde posiciones radicales hacia territorios de mayor equilibrio, aunque seamos conscientes de que en ningún caso podrán sustraerse las decisiones en estos momentos de posiciones marcadamente emocionales por parte de los clientes.

No se trata de desconectar a los clientes de sus sentimientos y de su realidad, se trata de ejercer adecuadamente las funciones que nos corresponden como letrados, recabando la información y dando el mejor consejo sobre el derecho aplicable y las consecuencias jurídicas de las conductas a corto, medio y largo plazo.

Tras estas breves reflexiones con nuestro cliente debemos poner encima de la mesa la oportunidad y conveniencia de plantear posiciones equilibradas y razonables con respecto a las reglas provisionales y temporales que vamos a ofrecer a la otra parte con respecto a los hijos menores del matrimonio. Hablamos de medidas económicas equilibradas y razonables, también hablamos de medidas respecto a la custodia, la vivienda familiar, el régimen de visitas y las comunicaciones entre los padres que se divorcian y sus hijos menores de edad.

Recordemos en este punto que se pueden llegar a acuerdos puntuales, a acuerdos de mínimos condicionados incluso a la evolución de los acontecimientos, acuerdos a prueba… Mejor avanzar paso a paso en pequeños acuerdos que no ser capaces de hablar de nada porque nuestro cliente está en estado de bloqueo emocional por la frustración que siempre significa un proceso de divorcio. A modo de ejemplo se puede avanzar en temas de visitas, de comunicaciones, y no avanzar en temas económicos cuando estos sean los que generan mayor tensión y enfrentamiento; podemos dejar los debates de la custodia compartida para el último capítulo…

El cliente está en su derecho de adoptar la posición que estime más conveniente a sus intereses, pero entiendo que un buen letrado matrimonialista debe informar siempre a sus clientes que el interés de los menores y el equilibrio debe ser el punto de partida en una negociación o en un litigio ante el Juzgado competente. No se trata de ser generoso de más, no se trata de vaciarse los bolsillos, ni de esclavizarse en las obligaciones derivadas del divorcio, tan sólo recomiendo buscar un cierto equilibrio y sentido que haga las cosas más sencillas para todos tras el proceso de divorcio.

Creo que no aprovechan a nadie posiciones de enroque en un principio que significarán un desgaste emocional innecesario para las partes, y que además en breve significará una posición de choque ante el Ministerio Fiscal y Juez de Familia que no verán sentido alguno a posiciones egoístas, a retenciones de los niños con Mamá o con Papá, a no ingresar importes para manutención, o a negativas a viajes de fin de semana, dejando a un lado sin justificación debida los intereses de los menores.

Piensen en lo mejor para sus hijos desde el primer momento, piensen en qué es lo mejor para sus hijos siempre, conforme a las posibilidades de cada miembro de la familia que ahora está en crisis, y su proceso de divorcio y post divorcio será mucho más fácil en todos los sentidos. El egoísmo suele darse la vuelta pronto en este tipo de conflictos interpersonales familiares.

Primera advertencia: cualquiera de los cónyuges puede abandonar el domicilio familiar cuando lo considere oportuno y sin mediar aviso, preaviso ni solicitud de permiso, sin que esta conducta produzca efecto jurídico alguno. Esta conducta tendrá sentido cuando el cónyuge que decide abandonar el domicilio familiar entienda que los niveles de crisis son insostenibles o inaceptables para el normal desenvolvimiento de la convivencia familiar. La “salida de casa” tiene sentido en situaciones irreversibles y en evitación de conflictos mayores entre los cónyuges, mucho más cuando hay hijos menores presenciando los episodios incómodos de este conflicto.

Segunda advertencia: la situación de los hijos menores durante este “limbo jurídico” que se produce entre la salida de casa, la presentación de la demanda de separación o divorcio y la resolución judicial (Sentencia) de dicho procedimiento.

Recordemos que el interés de los menores debe ser primordial y especialmente protegido en todas estas situaciones.

Hasta que no se acuerden medidas entre los cónyuges o por el Juez de Familia, no hay teóricamente ningún régimen jurídico establecido respecto a los hijos. El progenitor que se irroga la condición de custodio de los niños puede impedir al otro progenitor verlos y estar en su compañía durante días, semana o meses a su puro antojo.

En estos casos, el progenitor que se autoproclama custodio teóricamente nada está incumpliendo, dado que ningún régimen relativo a los hijos ha sido establecido al respecto. Si que está incumpliendo sin embargo su obligación principal de proteger a sus hijos y mirar por que estos gocen de las condiciones que le sean más beneficiosas para su desarrollo integral, y eso será puesto de manifiesto en el procedimiento con crudeza por la contraparte.

Se entra en estos casos en la lucha permanente por la custodia de hecho, ya que, también teóricamente, el otro progenitor en un “descuido” podría autoproclamarse también custodio por ejemplo en una recogida temprana del colegio o de una actividad extraescolar… Se entra así a veces en un sinsentido que debemos evitar a toda costa poniendo siempre el interés de los menores y el equilibrio emocional como director de las acciones hasta que se acuerden o resuelvan las medidas a aplicar por el Juez de Familia.

Y recuerde que estas advertencias y consejos sirven igualmente para un matrimonio que para una pareja de hecho. En ambas situaciones la ley tiene previstas similares “reglas del juego”. Aunque como ya hemos comentado las posiciones jurídicas de las partes sean diferentes si existe matrimonio o pareja de hecho, las reglas llegado el caso de fin de la relación son similares si hay hijos menores de edad o dependientes, hay que pasar por un acuerdo bien redactado o conseguir unas medidas del Juez de Familia competente del lugar donde se encuentre el último domicilio familiar. No le aconsejo apaños, los apaños salen casi siempre mucho más caros a medio y largo plazo.

Cada caso es un mundo, y en Derecho Matrimonial no hay dos familias iguales, ni dos crisis iguales, acuda siempre al mejor profesional a su alcance para resolver sus dudas y dirigir la defensa de sus intereses, respetando siempre los de sus hijos mejores de edad. Para más información sobre estas cuestiones y cualesquiera otras relacionados con el derecho matrimonial, no dude en contactar con nuestro despacho Carrión y Asociados al teléfono 968.24.48.35 (web http://www.cyafamilia.com) o bien a través de un mensaje vía WhatsApp al 629647230.

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