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Cuando uno pretende realizar un adecuado enfoque de su presencia en el escenario de las redes sociales una de las primeras cuestiones que entiendo que debe plantearse es cómo presentarse en sociedad, uno debe analizar y decidir qué y cómo contar su historia profesional a sus seguidores y lectores.

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Llega entonces a nosotros el gen de la prudencia que nos dice a los españoles que debemos ser modestos, que nos recuerda que no es de buen cristiano alardear de nuestras capacidades y logros, pero como en los dibujos animados del perro Pluto, al otro lado de nuestra conciencia nos aparece el lado pragmático, ese que nos dice que debemos estar orgullosos de lo que hemos conseguido tras duros años de esfuerzo y trabajo, tras muchas noches de desvelo por cuestiones profesionales… 

Y además nos planteamos qué poco atractivos podremos parecer si escondemos a nuestro entorno las pruebas de nuestros logros y éxitos profesionales. Si nuestra intención es transmitir a nuestros posibles clientes y colaboradores profesionales qué somos deberemos poner encima de la pantalla suficientes muestras que lo acrediten.

Cualquier dato directo o indirecto mostrará a nuestros seguidores la credibilidad de nuestro proyecto, creo que hay una máxima de cualquier profesional que se precie, y ésta es que al otro lado del mensaje hay alguien que sabe perfectamente lo que busca y cómo elegir, tan solo tendremos que poner datos y pruebas a su disposición.

Hoy más que nunca hay “smokemakers” a nuestro alrededor y hay mucha falta de sinceridad profesional, mucha gente que se vende como lo que no es, pero sus pruebas a nuestra disposición son un verdadero bluff, a poco que analicemos su entorno veremos que no hay nada a su alrededor más allá de un móvil y una sonrisa con un mensaje que se repite una y otra vez sin nunca llegar más allá, un mensaje enlatado que han aprendido de algún vídeo de Youtube y que puede ir sirviendo para salir del paso, pero que nunca pasarán la prueba del algodón.

Mi opinión profesional es que todos, repito, todos, debemos estar muy orgullosos de nuestros logros, y debemos ponerlos en valor para que sean por una parte reconocidos en su justo valor y medida y por otra parte para que sirvan de referencia a nuestros posibles clientes a la hora de tomar la decisión de contratar nuestros servicios. Y hay que hacerlo con prudencia y humildad, pero con orgullo, y el orgullo no es un pecado, es un valor esencial para mí.

Si no somos capaces de mostrar al exterior nuestros logros y capacidades con sinceridad y orgullo difícilmente el mercado podrá reconocer nuestra valía y nos veremos envueltos en un circulo sin fin que nos consumirá.

Soy muy partidario del story telling, de envolver nuestras capacidades y experiencias en un entorno que enamore a nuestros posibles clientes, pero siempre poniendo por delante la sinceridad, la honestidad como valor y siempre, siempre con las pruebas de lo que se está diciendo encima de la mesa.

Si llevas 20 años trabajando y nunca jamás te han presentado una reclamación por tus actuaciones profesionales, si tu índice de fidelidad de clientes es digno de mención, si tienes unas magníficas instalaciones en el centro de la ciudad, si tienes empleados cualificados que apoyan tu trabajo, si tu formación continuada es ejemplo para otros, si has creado un modo de ejercer tu profesión, si tus clientes tradicionales son apóstoles de tu negocio, si conservas a los clientes que hace 20 años confiaron en ti, puedes y debes estar orgulloso y contarlo a los cuatro vientos, te lo has ganado.

La falsa modestia de los que no tienen mucho de que estar orgullosos, y la crítica a los otros para distraer a la presa, como cortina de humo de las miserias de los “smokemakers” para que su “victima” no se fije en el verdadero perfil profesional de quien le habla de otros y de otras cosas es demasiado evidente a poco que nos fijemos…

Mi recomendación siempre será la misma, no dejes que te hablen de otros, mejor enfoca y concéntrate en que te cuente su propia historia el profesional o comercial que pretende colocarte su producto. Si quiere vender su producto que te hable de él y no de los productos de la competencia.

Si eres sincero y honesto con tus nuevos clientes, los antiguos ya te conocen y valoran, sin inventar una historia que no existe conseguirás tu objetivo, enamorar a tu cliente por lo que eres y esa relación comenzará con unos sólidos cimientos.

Nuevamente os recuerdo que estamos en el mundo de los profesionales, esta reflexión es una reflexión, quizás un consejo no solicitado por mi lector, de cómo comportarse para captar y fidelizar clientes. Entiendo que todos salimos a eventos y quedadas con el ánimo de captar nuevos clientes en tiempos difíciles, si luego resulta que en el camino hacemos amigos, incluso grandes amigos, eso que nos habremos encontrado, pero huid de aquellos que dicen organizar un evento porque le cae muy bien la gente y está muy a gusto en una conferencia un martes por la noche hasta las madrugada porque espera aprender un nuevo nudo de punto de cruz.

Adapta siempre tu discurso al momento y al auditorio que te escucha, a la persona o personas a las que te diriges, lo contrario te dejará en evidencia, no pretendas hablarle de tus negocios en los cinco continentes a quien tiene un problema con su esposa y quiere divorciarse, o no le cuentes a un empresario que tiene un impagado tus habilidades y experiencia con el derecho de familia.

Trabaja duro, diferénciate, lucha por tu modelo de éxito profesional y muestra tus logros al mundo, debes estar orgulloso de ello. Y recuerda que compartir es la más maravillosa de las experiencias, igual que a ti te gustaría que hicieran contigo, cuenta a los que te apoyan y ayudan cada día lo orgulloso que estás de ellos y de que formen parte de tu equipo profesional, merece la pena.

Y no confundas el estar orgulloso con un exceso de arrogancia, prepotencia o adoración a tu ego, recuerda lo que le decían al Cesar cuando llegaba triunfal a Roma “eres sólo un hombre”.

PisPas.

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